El Correo: La Cuadrilla de La Vasca. San Juan, un menú para compartir

Íñigo Ruiz, tercera generación de un restaurante que cocina la esencia de la tradición local, pregona a nuestro Santo Verdadero


Miles de mirandeses siguieron desde la plaza, con atención, el pregón de Íñigo Ruiz, de Las Vasca. (Avelino Gómez)

EL Correo: Cristina Ortiz. 21/05/2026

Quién sabe si a partir de ahora, en Miranda, los hosteleros de la ciudad pasarán a honrar a San Juan del Monte como el patrón del sector. Méritos ha hecho para ello nuestro Santo Verdadero como defendió desde el balcón del Ayuntamiento Íñigo Ruiz, tercera generación del Restaurante La Vasca y encargado en el año del centenario del negocio familiar de marcar el inicio de una fiesta «unida a una comida, a un encuentro alrededor de una mesa». A una que preside siempre «la alegría, el buen humor, la camaradería… en definitiva, la felicidad».

Y es que San Juan no tiene parangón. No hay celebración capaz de igualarla. Es, para él, incluso, «más que las campanadas de fin de año, es volver a la niñez, los primeros amores de juventud, las comidas en el suelo con bocadillos de lomo y pimientos, las risas con los amigotes, bailes y la bajada de los romeros, entremezclándose las cuadrillas, las blusas, las charangas… todos unidos».

Sentimientos personales imposibles de disociar de La Vasca, una institución en la ciudad y entre los mirandeses, que vive esta edición de San Juan con mayor orgullo aún si cabe de pertenencia a una ciudad y a una celebración, por lo que significa de que «somos la voz de la fiesta».

Pero no sólo la voz. La voz y mucho más, porque «al fin y al cabo, ¿qué es la fiesta de San Juan del Monte si no un completo menú para compartir?», preguntó Íñigo Ruiz, llevándose a su terreno el repaso a una celebración que, como sus platos, define muy bien el carácter y la forma de ser de los mirandeses, de los que una muy buena representación seguía con atención sus argumentos desde una plaza de España abarrotada que dejaba claro que el restaurante y la familia que lo regenta desde el origen también forman parte de la tradición local.

Para deleitarse

Miles de personas ante las que desde el balcón del Consistorio, como si se tratara del primer piso de su comedor en la calle del Olmo, Íñigo fue desgranando el menú elaborado, con mimo y cuidando la tradición, para tan memorable cita.

Aunque en esta ocasión, más que elegir, se trataba de ‘probarlo’ todo y de hacerlo con tiempo, sin prisas; empezando para ‘abrir boca’ con unos entrantes variados: la Canción del Blusa, la designación de Sanjuaneros Mayores e Infantiles y los juegos populares en la calle»; sin «olvidar dos productos indispensables: las alubias y la morcilla».

De seguido, Íñigo fue enumerando las opciones de un primer plato cargado de «elementos tradicionales», como la Resurrección del Bombo, la Ofrenda Floral a la Virgen de Altamira y el Desfile de Cuadrillas, todo ello «aderezado con las mejores especias», que no son otras que las que aporta «la música de las charangas, un ingrediente con el que, por mucho que sazones el plato, nunca te va a resultar suficiente», reconoció.

Su regusto invita a probar más, un primer plato en el que el protagonista es La Romería o el Lunes de San Juan. Una receta que, para el restaurador mirandés, «se cocina a fuego lento durante todo un año, con cariño, con mimo, con dedicación, como se ha hecho siempre en la cocina tradicional, y que se sirve a temperatura ambiente…¡Y, madre mía, qué ambiente!», detalló con la emoción de quien se sabía protagonista de un momento único e irrepetible que guardará para siempre en la retina y que revivirá cada vez que lo cuente y, a buen seguro, lo hará en multitud de ocasiones. ¡Como para no!.

Ya sea para transmitir el orgullo de ser mirandés y sanjuanero o para animar a otros a disfrutar, tanto como él, de San Juan y de San Juanín, el postre de un menú al que «cada vez son más los comensales que no quieren renunciar». ¿Quién se va a querer perder la especialidad de la casa? «Ligero, suave y, a la vez, con un sabor tan intenso como casero. Ideal para complementar con una sobremesa en la que las anécdotas, las bromas, las vivencias y los recuerdos, se entremezclan con el deseo de volver a repetir menú para el próximo año».

Vidas paralelas

Y, a buen seguro, se repetirá. Lo harán miles de sanjuaneros tanto de la mano del Restaurante La Vasca como de la Cofradía, dos instituciones centenarias de la ciudad, que pertenecen a «la misma generación» y que han llevado «trayectorias paralelas» .

No faltó en el pregón ese momento para el recuerdo, para los orígenes, para echar la vista atrás y remontarse a 1926, cuando Miranda «olía a carbón» y la entidad sanjuanera estaba dando sus primeros pasos. Año del calendario en el que sus abuelos, Ángela Bilbao y Manuel Ruiz, abrieron la casa de comidas ‘La Vascongada’ en la calle del Olmo, entonces un «hervidero de ambiente, chiquiteo y cuadrillas de amigos». Una época en que los productos estrella eran los callos y asadurillas, regados de porrones de vino y interesantes tertulias.

Tras los duros años de la guerra y la postguerra, sus padres, Paco y Mari Carmen, la segunda generación, lograron hacer del restaurante un referente en la ciudad; además de transmitir esos valores de esfuerzo y pasión por el negocio que mantiene a día de hoy Íñigo Ruiz, llevando por bandera «la tradición, el producto de cercanía, el cariño a nuestra tierra y la responsabilidad de devolver a nuestra ciudad todo lo que ella nos da años tras año».

Tarea para la que cuenta con el apoyo y el acompañamiento de su «cuadrilla», la del restaurante La Vasca, de la que forman parte quienes ya se jubilaron y quienes hacen sus primeras prácticas, el personal de sala que establece «lazos de amistad» con los comensales, y el de cocina que, si no el Bombo, tocan las cazuelas como nadie. ¡No puedo estar más orgulloso de mi cuadrilla de La Vasca!». Y es que todos ellos hacen posible que los comensales que se sientan a la mesa en el comedor del primer piso «se marchen cantando el himno de San Juan: Contentos subimos, alegres bajamos’»; porque «no somos nadie sin nuestros clientes».

Tampoco San Juan del Monte tiene sentido sin su gente que, año tras año, «hace de un Bombo un símbolo de fraternidad y de buenos sentimientos, de compañerismo y de acogida con los brazos abiertos al forastero». Y es que si La Vasca alimenta el cuerpo, San Juan «alimenta el alma». Que lo siga haciendo, apuntó, depende de todos los sanjuaneros, de «enseñar que la tradición no es una foto antigua, es una promesa de que Miranda seguirá siendo Miranda». Una ciudad que vive ‘¡la fiesta de la alegría!. ¡Viva San Juan del Monte!.

 

Pregón completo de Íñigo Ruiz, 3ª generación del restaurante La Vasca

Mirandeses, Mirandesas, Sanjuaneros, Sanjuaneras, Cofradía y Autoridades presentes.

Ante todo, gracias a la Cofradía por elegirnos como pregoneros de las Fiestas de San Juan del Monte. Significa mucho para esta casa, significa que somos de aquí y que somos la voz de la fiesta. Muchas gracias de nuevo.

Como todos podéis suponer, no somos expertos en la escritura de pregones, ni mucho menos. Lo nuestro es buscar y seleccionar los mejores productos para elaborar nuestros platos y diseñar los mejores menús posibles.

Sin embargo, cuando la Cofradía de San Juan del Monte nos concedió el honor de ser los pregoneros de nuestras fiestas, pensamos ¿Y por qué no? Al fin y al cabo, ¿qué es la fiesta de San Juan del Monte si no un completo menú para compartir?…

Un menú que consta, en primer lugar, de unos entrantes variados para ir abriendo boca: la Canción del Blusa, la designación de Sanjuaneros Mayores e Infantiles, los juegos populares en la calle. Sin olvidar dos productos indispensables: las alubias y la morcilla.

Un primer plato que se presenta con elementos tradicionales como la resurrección del bombo y se extiende hasta el día siguiente con la ofrenda floral a la Virgen de Altamira, el desfile de cuadrillas, todo ello aderezado con las mejores especias: la música de las charangas, un ingrediente con el que, por mucho que sazones el plato, nunca te va a resultar suficiente.

Y el plato principal… El que hemos venido a denominar históricamente La Romería o El Lunes de San Juan. Un plato que se cocina a fuego lento durante todo un año, con cariño, con mimo, con dedicación, como se ha hecho siempre en la cocina tradicional, y que se sirve a temperatura ambiente… ¡Y, madre mía, qué ambiente!

Además, cada vez son más los comensales que no quieren renunciar al postre: San Juanín, otra especialidad de la casa. Ligero, suave y, a la vez, con un sabor tan intenso como casero. Ideal para complementar con una sobremesa en la que las anécdotas, las bromas, las vivencias y los recuerdos se entremezclan con el deseo de volver a repetir menú el próximo año.

Somos, podría decirse, tanto la Cofradía como el Restaurante La Vasca, de la misma generación, y hemos llevado trayectorias paralelas.

Corría el año 1926, cuando Miranda olía a carbón, la Cofradía de San Juan del Monte apenas había comenzado su andadura unos cuantos años antes. Mis abuelos, Ángela Bilbao y Manuel Ruiz, abrieron la casa de comidas «La Vascongada», en la bulliciosa calle del Olmo, conocida como «la Calle de los Valientes», siempre con buenos vecinos, hervidero de ambiente, chiquiteo y cuadrillas de amigos.

Era el orujo de la mañana, el vermut del mediodía, los almuerzos con callos y asadurillas, todo acompañado de porrones de vinos e interesantes tertulias.

Les siguieron años con muchas dificultades, durante la guerra y la posguerra, pero con ilusión, imaginación y esfuerzo salieron adelante.

Con el desarrollo de Miranda, ya La Vasca, siguió creciendo con la segunda generación, de la mano de Paco, San Juanero de pro, y Maricarmen, trabajadores incansables hicieron del restaurante un referente en nuestra querida ciudad. Así como mi tío Jaime, presidente honorario de la Cofradía, llevó a nuestras fiestas de San Juan del Monte a ser declaradas de Interés Turístico Nacional.

A día de hoy, el que aquí os habla, ha intentado llevar por bandera la tradición, el producto de cercanía, el cariño a nuestra tierra y la responsabilidad de devolver a nuestra ciudad todo lo que ella nos da año tras año.

San Juan es para mí, más que las campanadas de fin de año, es volver a la niñez, los primeros amores de juventud, las comidas en el suelo con bocadillos de lomo y pimientos, las risas con los amigotes, bailes y la bajada de romeros, entremezclándose las cuadrillas, las blusas, las charangas, todos unidos.

San Juan del Monte bien podría ser el patrón de nosotros, los hosteleros. Porque la fiesta, cualquier fiesta, va unida a una comida, a un encuentro alrededor de una mesa. Las cuadrillas organizan sus comidas y sus cenas y celebran el momento brindando con amigos y seres queridos. Nosotros, los hosteleros, les recibimos. Somos el lema que veía todos los días en la Escuela de Hostelería: «Vale quien sirve». La mesa la preside la alegría, el buen humor, la camaradería… En definitiva, la felicidad.

En el restaurante La Vasca somos una cuadrilla. Y en ella conviven quienes ya se jubilaron con quienes empiezan sus primeras prácticas. Nuestro personal de sala, que acaban estableciendo lazos de amistad con nuestros comensales, y nuestro personal de cocina, que si no el bombo, tocan las cazuelas como nadie. ¡¡No puedo estar más orgulloso de mi cuadrilla de La Vasca!!

San Juan del Monte no tiene sentido sin su gente, sanjuaneros y sanjuaneras que, año tras año, hacen de un bombo un símbolo de fraternidad y de buenos sentimientos, de compañerismo y de acogida con los brazos abiertos al forastero, quien, con toda seguridad, querrá repetir la experiencia en más ocasiones. Un símbolo, y como decía el poeta Mario Benedetti, defender la alegría como un derecho.

En La Vasca tampoco somos nadie sin nuestros clientes, nuestros amigos. Los mismos que luego recomiendan nuestra casa al forastero, con la seguridad de que no les vamos a fallar. Nuestro máximo objetivo es, dado que estamos ubicados en un primer piso, que nuestros comensales se marchen cantando el himno de San Juan: «Contentos subimos, alegres bajamos».

Si La Vasca nos ha alimentado durante casi un siglo, San Juan del Monte nos alimenta el alma cada año. Subir es renovar nuestro pacto con esta tierra, recordar a los que nos precedieron.

Así que este año cuando subáis, hacedme un favor, cuando lleguéis arriba, girad la cabeza, y mirad a Miranda, pensad esto es mío y lo voy a hacer mejor.

El futuro de San Juan está en nosotros hoy, está en enseñar que la tradición no es una foto antigua, es una promesa de que Miranda seguirá siendo Miranda. Gracias a vosotros mirandeses y mirandesas porque sin vuestra alegría y vuestro respeto a la tradición no habría un San Juan del Monte que disfrutar, ni un centenario que celebrar.

Estos días nos acordaremos de todos los sanjuaneros y sanjuaneras que por motivos de salud no podrán vivir las fiestas, los que se encuentran fuera de la ciudad y no pueden venir y todos aquellos que ya no están con nosotros.

También gracias a todos los que durante estos días velan por nuestra seguridad y salud.

Que este San Juan del Monte sea, como siempre, ejemplo de convivencia, hermandad y amor por lo nuestro.

Por todo ello, desde la Cuadrilla Sanjuanera de La Vasca, y de todo corazón, os deseamos que disfrutéis de este menú para compartir y os invitamos a gritar con nosotros:

¡Viva San Juan del Monte!

¡Viva la fiesta de la alegría!

¡Viva Miranda de Ebro!

Muchas gracias.